La obesidad es una enfermedad asociada a múltiples patologías cardiovasculares, metabólicas,
osteomioarticulares y psicoemocionales que disminuyen en mayor o menor grado la calidad de vida
de las personas que la padecen. Se da como resultado de la interacción compleja de distintos
factores y se visibiliza con aumento de peso corporal global debido a exceso de masa grasa.
Su tratamiento clínico o quirúrgico incluye la participación de un equipo de salud que, desde el área
de conocimiento y acción específicos de cada una de las especialidades que lo integran (clínica
médica y quirúrgica, nutrición, kinesiología, psicología y psiquiatría), aporta herramientas terapéuticas
pertinentes que se conjugan y complementan para obtener óptimos resultados con la posibilidad,
además, de ser mantenidos en el tiempo.


Desde la Kinesiología nuestro aporte está centrado en la prescripción de actividad física adaptada
para evitar el sedentarismo, que es uno de los factores que determinan la obesidad y puede ser
modificado por la persona que la padece.
Consideramos muy importante que el paciente se involucre responsable y activamente en su
tratamiento para lo cual es necesario que conozca y reconozca el modo en que el movimiento
impacta en la patología y sus co-morbilidades, para propiciar una participación activa en el mismo y
adherencia a las distintas actividades programadas.
Es nuestra tarea indicar actividad física que se adapte a las posibilidades, limitaciones y preferencias
de cada paciente, proporcionando alternativas de movimiento saludable ajustadas a cada caso,
entendiéndolo como un ser bio-psico-social inmerso en el sistema del que forma parte. Ésto significa
que todos pueden y deben realizar ejercicio conociendo las acciones que se deben evitar en general
(como por ejemplo saltar o trotar, por mencionar algunas) y en particular, teniendo en cuenta los
antecedentes patológicos personales (hernia de disco, tendinitis, rotura de ligamentos, etc). El
objetivo será perder peso de masa grasa, y conservar o aumentar la masa muscular.
Es fundamental cuidar la integridad del sistema osteomioarticular (formado por huesos, músculos y
articulaciones) encargado de posibilitar el movimiento corporal que, estrechamente ligado a una
alimentación adecuada, activará la oxidación de las grasas que provocan el exceso de peso.


Alejarse del estilo de vida sedentario supone aumentar el gasto de energía a través del movimiento,
lo cual se consigue con ejercicios programados y también con la actividad cotidiana, por lo que es
necesario incorporar diferentes acciones como hacer las compras caminando, sentarse y pararse dos
o tres veces antes de sentarse definitivamente a comer, caminar un minuto por hora alrededor del
escritorio cuando se trabaja por períodos prolongados en posición sedente, levantarse del sillón para
cambiar el canal de televisión en lugar de usar el control remoto, llevar a pasear a las mascotas, etc.
Para realizar este giro es necesario que el paciente esté bien predispuesto y con ánimo para
cooperar en su propio proceso de cambios, entendiendo que los resultados no serán visibles
rápidamente.
Conseguir internalizar diferentes hábitos saludables incide también en la prevención de la obesidad
en la familia del paciente, y es además muy importante destacar que el apoyo, la contención y
acompañamiento que en esta etapa sus integrantes proporcionen al miembro que padece esta
enfermedad, influye positivamente en la obtención de los objetivos propuestos y en el mantenimiento
de sus resultados, además de afianzar y reforzar los vínculos familiares. Por lo tanto, organizar
caminatas o realizar las rutinas de ejercicios juntos son excelentes ideas para incorporar como
nuevas propuestas familiares.


El comienzo de este camino diferente debe ser gradual y progresivo, no sólo para lograr las
adaptaciones físicas necesarias para el ritmo activo que proponemos, sino también para que la
inclusión del tiempo que llevará la realización de la actividad física en la agenda semanal de cada
paciente no altere la organización laboral y familiar ya planificada y permita ser sostenido a largo
plazo. Es además fundamental que se disfrute de la actividad física elegida, de modo que no
represente una obligación impuesta sino una agradable necesidad que sea realizada con gusto.
En las sucesivas consultas con el Servicio de Kinesiología se asesora al paciente, entre otros
aspectos, sobre el tipo de actividades a realizar en cada momento de su proceso (preoperatorio,
postoperatorio inmediato y mediato o control clínico) y luego, mediante encuentros programados, se
realizan las modificaciones necesarias en relación a su evolución y participación.


¿Estás dispuesto a llevar adelante con responsabilidad esta parte del tratamiento? ¿Te estás moviendo
lo suficiente?